domingo, 20 de septiembre de 2009


Algún día machacaré a todo este remolino de sensaciones y emociones mezcladas. Las aplastaré y seré neutral por completo. Nada me hará sonreir, ni llorar, nada me impulsará a hacer nada y después de todo solamente me quedará un silencio precioso que me acunará por las noches.
Imaginaré que las figuras de los caleidoscopios se mueven al compás del silencio y tendré un momento de paz.
Un momento de paz inánime. Un momento que no se puede describir si no se ha vivido. Pero de nuevo vuelvo a lo mismo, a vivir, a sentir, a que sé que no podré destruir ese remolino. A que soy débil frente a mis propias emociones.

jueves, 17 de septiembre de 2009

02

Zettric, como le llamaban sus amigos más íntimos por alguna estupidez de niñez que fue evolucionando hasta llegar a lo que era ahora, se habia levantado esa mañana con la boca pastosa, le dolía la cabeza y el estómago parecía estar un poco revuelto. Tenía todos los sintomas de una buena resaca y de un estómago que lleva demasiado tiempo sin ser alimentado. Pero al parecer poco le importaba sentirse tan mal por las mañanas ya que por las noches, desde hacia tres años y medio, hacía únicamente lo que su cuerpo le pedía.

"El alcohol hace olvidar"
Como si de fe religiosa se tratase él cada noche se aferraba a esa afirmación. Llevaba doce meses viajando a los bares infernales de la soledad compartiendo taburete con Tom, un hombre 30 años más triste que él y bebiendo cada día de una botella alcoholica diferente.
Disfrutaban charlando aunque a la mañana siguiente muchas cosas quedaran borrosas o difuminadas. Puede que ninguno de los dos se acabaran comprendiendo perfectamente pero se sentían agusto el uno con el otro y eso a Zettric le aliviaba por las mañanas. Le dolía todo y muchas veces se aventuraba en busca de moratones nuevos que no sabia como habian acabado en el brazo, la pierna o en cualquier parte del cuerpo, pero siempre tenía la sensación de haber aprovechado la noche con Tom, incluso cuando no recordaba absolutamente nada.
De todas formas, aquella mañana no era como todas las otras. Había algo en el destino que se le habia escapado y que no tenía ni idea de que le explotaría aquel día. No sabía que iba a explicarle a Tom que le dejaba en las noches de soledad compartida para siempre. No sabía que por primera vez iba a decidir sobre su vida tan rápido y tan fríamente. No sabía que era tan cobarde. Lo cierto era que no sabía demasiadas cosas.
Después de la ducha y un enjuague Zettric se arropó con el albornoz y decidió ponerse un disco de Lou Reed para ambientar aquella casa revuelta y con poca higiene. Se sentó en el filo de la cama y cerró los ojos. No imaginaba nada, solo su misma habitación desastrosa. Su mísera vida. La ausencia de Laura. El desprecio de su madre. Y el timbre sonando.
Abrio los ojos tranquilamente pero un poco desconcertado, se habían colado sin permiso en lo más profundo de sus pensamientos, de sus sentimientos. Pensaba ignorar la puerta porque probablemente sería algún vecino capullo que quería robarle su momento de intimidad, pero de pronto escuchó la voz de Laura o al menos eso parecía.
"Dejame entrar ahí, soy yo".
¿Quién..?
Laura
¿LAURA?
"Si.. abreme anda.."
No podía creer lo que estaba viendo. Despues de tanto tiempo solo tenía que abrir la puerta y ahí estaba, era ella. Y no se trataba de una imaginacion o de una ilusion. Era ella sin duda. Pero no venía sola. A cuestas llevaba un niño, debía tener 3 años. ¿Se habría casado en este tiempo? ¿Qué hacía aquí? Que ganas tenía de verla...

"Vamos al grano si?"
"Qué pasa?"
"No tengo dinero Zettric. Ni nadie que me ayude. Tengo otras cosas que hacer y él no tiene la culpa de nada sabes? "
"No sé de que hablas Laura. Deberías explicarte mejor"
"Joder Zettric, tan mal te están dejando las drogas que no entiendes que vengo a pedirte dinero por él. Que vengo a que me ayudes tú. Tú que eres el maldito padre de esta criatura?"
"...."

El silencio se apoderó de él por completo.

"No vas a decir nada?"

Esperaba sentir algo si algun dia le comunicaban que iba a ser padre. No se lo esperaba hoy y tal vez fue algo parecido a un bloqueo emocional pero incluso después del momento ocurrido él no sentía responsabilidad, ni paternalidad alguna. E incluso cuando días después del portazo de Laura y del berrinche del niño por los gritos de la madre, ella que había picado a su puerta y corrido hasta la del portal dejandole al mando del niño sin dar explicación y abandonando al pequeño sin más, no fue capaz de sentir nada. NADA.

Sabía que tarde o temprano iba a llegar este momento. No tenía miedo y estaba convencido de lo que iba a hacer. Tal vez un poco descolocado porque la situación en general le habia olbligado a forzar esta decisión pero como se repetía una y otra vez "era evidente, tarde o temprano llegaría el momento".

Eran las cinco de la tarde. Laura le trajo al pequeño sin nombre y huyó corriendo. Cuando pudo darse cuenta tenia a un enano de 3 años más o menos en su casa. Asustado, descolocado y bien pegado a una pared con los ojitos llorosos. Sí, daba pena pero no era asunto suyo por mucho que dijera que era su padre. Tal vez era la excusa perfecta para deshacerse de un problema más en su vida.

Bajó al bar. No le pasaria nada por cinco minutos. Tom, como de costumbre, estaba ahí. Al final sería cierto que jamás se movia de allí, pensó Zettric.
-Vengo a despedirme Tom, ha sido un verdadero placer beber con usted.
-Chico, no solo hemos bebido.
-Mayormente sí, no cree?
-Bueno.. yo prefiero llamarle sobrevivir. Y que te he dicho de lo de usted? No soy un viejo cascarrabias ni uno educado. Yo soy Tú.
-Entonces yo soy tú? jaja..
-Maldito hijo de perra... Y a dónde vas?
-Todavia no lo sé, tal vez a Francia.
-Paparruchas.. seguro que te quedas en el camino.
-Bueno Tom debo irme ya.

Tom lo miró con esa cara de hombre más triste del mundo y le sonrió levemente. Se acercó patoso hacia el muchacho y le dio un abrazo.

Cuídate.

Volvió a su habitación y no habia pasado absolutamente nada. Habian sido cinco minutos y el
chico continuaba allí perfectamente. El siguiente paso era el más complicado. Decidir nunca se le habia dado demasiado bien pero al parecer en situaciones limites debes ponerte las pilas. Sofía, ella siempre habia sido una buena hermana, incluso cuando él había sido la escoria más grande del mundo con relación a ella (y tal vez con la sociedad en general) nunca jamás le habia abandonado. Y si ahora se encontraba solo no era porque ella hubiese querido si no por que él mismo le habia forzado a marcharse de su lado. Sabía que no era una buena influencia para ella y todavia le quedaban muchas cosas por hacer a su hermana.

Dejó el coche en frente de la puerta de su casa. Y le dijo al pequeño que allí estaría mejor, que todo el mundo le querría y que sería feliz. Le dio la sensación de que el niño no le creyó pero eso poco importaba ahora. Picó al timbre y le dijo que no se moviera de donde estaba hasta que no abrieran la puerta. Él salió corriendo mientras acababa de pronunciar las ultimas palabras, arrancó el coche y vió como abrian la puerta. Todo solucionado pensó.
Pero se puso nervioso, demasiado nervioso así que decidió volver un rato al bar antes de emprender su viaje. Tom seguía allí y se ofreció a invitarle a todas las copas de esa ultima noche. Y así fue. Estuvo toda la noche bebiendo y aliviandose con Tom por todo lo que habia hecho y de lo que todavia no era plenamente consciente. A la mañana siguiente, borracho y sin ningun tipo de reflejos decidió coger el coche para partir. Tom estaba demasiado ocupado vomitando como para detenerle para que no conduciera borracho asi que tambaleandose llegó al coche. Pronto cogería las llaves y abriendo bien los ojos metio las llaves.

Lo último que recuerda son los cristales. Diminutos y grandes trozos de cristales puntiagudos a punto de arrasar con todo lo que se les pusiera en su camino. Se trataba de una especie de batalla cuerpo a cuerpo. Cristales vs chapa roja.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Morir también es la mejor opción.

Sus ojos tristes, decaídos inspiraban una ternura y una melancolía que a nada podía semejarse. Sin embargo su rostro, y aunque el cansancio parecía haberse apoderado de él por completo con una fuerza fuera de lo común y que normalmente se concentraba en aquellas ojeras oscuras, desprendía vitalidad. Una vitalidad que creo que se aprovecha solamente por el simple hecho de que hay una certeza oculta de que pronto morirá. Y aunque se es consciente de ese hecho es indiferente porque la muerte prematura se acerca conforme él se va conociendo a si mismo. Me da miedo entenderle en la lejanía de sus pensamientos. Me da miedo mirarle a los ojos y ver que pronto escapará. Me da miedo que se desvanezca antes de lo necesario para él mismo y sin embargo sigo comprendiéndole. Y en el "sigo comprendiéndole" es donde hay más miedo. O tal vez no sea esa la palabra. Tal vez pueda decir simplemente que me desconcierta, que me trastoca el hecho de comprender el todo y la nada de su ser. Aunque pensándolo bien siempre puedo imaginar que sigue ahi. Que camina de forma simbólica a mi alrededor, en forma de gato quizá, con ese caminar tranquilo, elegante, atento..


Sí, sin duda camina a mi lado..


Y eso era lo unico que quería pensar ella. Que caminaba a su lado como un gato invisible, que él la seguía admirando a su modo en la distancia, que la seguía amando pero de un modo peculiar. Pero en el fondo de su ser sabía que era todo mentira, que su amor propio se habia truncado por una serie de situaciones absurdas que tal vez la superaban, que sus sueños hacía mucho que no existían, y que él por supuesto ya no la quería como antes. Y esque sus sentimientos desde hacía ya un tiempo se habian marchitado como las rosas secas de su habitación. Lentamente, silenciosas y dejando huella. Dejando esa presencia en el aire que te gusta pero te agobia. Hasta que al fin mueren. Y entonces tú lo notas y te duele tanto que es mejor callar, callar y morir también.

domingo, 30 de agosto de 2009

Por los días que agotan.

Latidos agónicos. La fuerza no es su fuerte. Pronto se desvanecerán y nadie se dará cuenta de ello puesto que la creación de nuevos latidos para otras vidas ya está en marcha. Latídos insípidos. Aquellos que resisten a cualquier cosa pero se consumen sin quererlo. Los ves vagabundos, con la típica bolsa casi vacía de palabras como de sentimientos agarrada a un palo largo. Latídos recubiertos de improperios. Estos abundan. Jamás se extinguiran. Y sin embargo son la escoria de los latidos a mi parecer. Destruyen a su alrededor, hacen demasiado ruido, molestan, huelen mal y parece que tengan boca. Los pisotearía si existieran físicamente. Los destruiría. Los lanzallamas siempre fueron muy utiles, o en su defecto cualquier francotirador no estaría mal. Tal vez un arco de flechas con espinas . O cualquier veneno instantaneo. ¿ Un caleidoscopio "Escupebalasdecolorines"? Cualquier arma capaz de destruirlos me bastaría. Están tan acostumbrados a poder andar por encima de los demás latidos, a moldearlos y a extinguirlos que se han apoderado de lo más bello que podía tener. Mi sonrisa ha perdido su brillo. Su magia. Su luz. Quieren apagarme. Y no, no quiero dejarles. Pero son jodidamente buenos y como sigan así acabaran ganandome.


Por los días que agotan.

lunes, 22 de junio de 2009

01


Nada. Nada en absoluto. Con la incomprensión marcada en su rostro permaneció quieta y en silencio unos instantes. Había demasiada oscuridad en aquel lugar. No podía ni intuir sus propias manos y lo único que era capaz de saber con certeza era que su mente andaba a trompicones a causa del miedo asfixiante que le recorría intensamente todo el cuerpo. Podía notar casi un dolor físico. Sus piernas debían estar magulladas porque las sentía con demasiado calor y cuando se acercba a la parte en cuestión escocía cosa mala. Calma. Calma. Eso era lo que se repetía una y otra vez. Intentaba asimilarlo, recordar algo para poder procesarlo pero no encontraba en ningún lugar de su memoria la respuesta a lo que le interesaba.

Al rato, que no sabía si podía haber sido una hora, dos minutos o cuarenta segundos Valerie se incorporó con cuidado y lo primero que notó fueron aquellos pedruscos. . Se trataba de piedras gordas y rocosas, tenían como arenilla que se desprendía cada vez que las tocaba.No veía absolutamente nada pero podía adivinar con más o menos exactitud dónde se encontraba si utilizaba su tacto El suelo era pura arena de playa pero esta vez no le producía para nada alivio o tranquilidad. Dónde coño estoy metida. Intentó tocar el techo pero o no existía o simplemente no llegaba con su altura de metro setenta. Alzó las manos bien arriba pero solamente notó más piedras. También quiso averiguar cuántos metros cuadrados tenía para caminar. Así que después de notar que se encontraba en una superficie de forma redonda alzó las manos en dirección hacia adelante para no chocarse cuando encontrara la otra pared y contó los pasos... 1, 2, 3...Ya?! Se puede saber qué narices hago aquí? Qué es esto? Una especie de broma? Hola? Por un momento Valerie pareció perder los nervios, el norte y toda formalidad. Cayó al suelo cual peso pesado y tras chillidos y manotazos empezó a sonar. Tenía que ser una broma. Era su canción.

domingo, 21 de junio de 2009

Una burbuja.



Un cuerpo inerte.



Silencio absoluto.



Nada.


Magia.
Magia.
Magia.

Nada.



Silencio absoluto.



Un cuerpo inerte.



Una burbuja.



No importa que quieras dejarme sorda con palabras que ya no sirven de nada, que se repiten para formar una gran masa de poca productividad hacia una situación descontrolada. No importa que me chilles porque no voy a dejar que me veas mal, no vas a oirme llorar ni vas a poder sentirme más. No te das cuenta de que te estás equivocando de camino y asi cada día lo estropeas más.. Me marcharé. Cuando pueda lo haré, no te preocupes, ya sé que ultimamente lo deseas. Pronto las cosas irán bien.
Puedo soñar mientrastanto, sé que me puedo refugiar ahí. Nadie podrá sacarme. Y mis ojos seguirán brillando. Y si no es asi será porque se me han acabado los sueños y las ganas de vivir. Pero da igual todo. Solo estoy cansada, no me afecta ya. No va a afectarme más. Solo quiero descansar y que me dejeis en paz.
De una vez por todas. Dejadme en paz.

00

En las noches de diciembre le encantaba coger una silla, llevársela a la playa y sentarse a observar. La brisa fría y casi congelada en sus mejillas rosadas, el agua rompiendo contra las rocas, la arena moviéndose al compás del viento, y el silencio del vacío. Ese vacío que solo se encuentra en invierno. También le gustaba cerrar los ojos e imaginar lo que tenía delante suyo con todo detalle para luego abrirlos y darse cuenta de que se le habían escapado multitud de pequeñas cosas. Siempre se quedaba con lo general y los detalles se los inventaba. Lo cierto es que hacia un esfuerzo par que no fuera así pero su imaginación volaba demasiado alto. Por otro lado esa tranquilidad y ese descanso que notaba al tocar la noche y el invierno hacían de ella una mujer impulsiva y cuando menos te lo esperabas, miraba a un lado y a otro y de golpe, sin más preámbulos, se quitaba la ropa y se tiraba al agua.

"Alocada" le decía él cuando venía corriendo a casa con una sonrisa en la boca y diciéndole "no lo he podido evitar cielo". La acurrucaba en una toalla y la llevaba al lado del fuego.
Era en esos momentos donde Valerie podía decir perfectamente que era feliz. Feliz por las noches de diciembre, por el sol de enero, por sus manos, por el fuego que le esperaba y por la impulsividad.


Desde bien pequeño había sido un niño problemático. Rompía los juguetes de los demás, siempre salía corriendo para que no lo pillaran, destruía su propia habitación y muchas veces intentaba escaparse de casa. Realmente no es que no le dieran cariño simplemente había sido un niño/adolescente complicado. De mayor se había ido calmando, lo cierto es que la lectura fue un factor importante y el hecho de independizarse también.

A el le encantaba quedarse en casa. Se conformaba con la alfombra al lado del fuego y los cojines, un poco de buena música y tal vez un helado de strachatella. Como a Valerie, los helados les apetecían más en invierno que en verano y cuando se quedaban desnudos, completamente desnudos el uno al lado del otro sin nada que decirse, sin nada que hacer, solamente respirando la respiración del otro Isbac podía decir perfectamente que era feliz. Feliz por el calor de las llamaradas controladas, por el suelo fresquito sin alfombra, por la simplicidad de las cosas, por el olvido de la destrucción y de la autodestrucción, por la serenidad.



Abrieron los ojos esa mañana de domingo después de unas copas de vino y queso que se tomaron ese sábado noche mientras escuchaban "love me two times" celebrando que todavía se aguantaban después de tres años viviendo juntos. Decidieron hacer recorrido de fotografías y recuerdos y luego preparar una cenita juntos, apagar toda luz existente en casa y encender velas. Más tarde Valerie puso esa canción y empezó a desnudarse, se había comprado un bonito conjunto de ropa interior y quiso enseñárselo del modo más divertido posible. Fue muy gracioso porque anteriormente se había quitado los zapatos de tacón y se puso unas zapatillas de cocodrilo horribles que no pegaban para nada con los tonos negros y rosas de encaje. No podía gustarle más a Isbac lo certera y centrada que se mostraba a veces y lo niña e impulsiva que podía llegar a ser casi sin darse cuenta.

Él abrió los ojos antes. No entendía como no podían molestarle intensamente, al igual que a él, los rayos de sol que penetraban en la habitación por ese gran ventanal. Fue directamente al baño y se pegó una ducha, se lavo los dientes y volvió a la cama.Era curioso como no le molestaban los rayos de sol y notaba absolutamente siempre como alguien se colaba en su cama. Así que justo en el momento en que apoyó una mano en la cama sabiendo que se despertaría y por lo tanto mirándola, ella abrió los ojos para decirle...”lo has vuelto a hacer.... en el fondo te odio." Pero en seguida continuó. "ven aquí anda".


Dos o cuatro besos de buena mañana hicieron que les apeteciera desayunar fuera. Hoy no habían fuerzas ni para untar una tostada. Así pues se pusieron lo primero que encontraron en el armario y salieron de casa. Fueron al lugar de siempre "Cacoa", se pidieron un capuchino y un chocolate caliente. Y unas tostadas para acompañar. Les encantaba ese lugar por que estaba justo enfrente de un paseo enorme por el que pasaban cuatro personas contadas y normalmente podías observar a algún que otro hombre o mujer sentada en un banco pensando en sus cosas. Valerie siempre los miraba con detenimiento y él pensaba qué sería exactamente lo que ella imaginaría de ellos.


Dos minutos más tarde uno de ellos solamente quería negar la realidad que se le presentaba.